jueves, abril 10, 2014

Personas

De tantas personas que he conocido, procuro sólo recordar aquellas con las que he vivido más momentos agradables, de otras personas procuro llevar conmigo el aprendizaje que me dejaron a su paso. Y también están -debo reconocerlo- aquellas personas que se quedan como una espinita, como una cicatriz que ante ciertos estímulos vuelve a doler.

Son esas personas con las que vivo algún momento extraordinario, con quienes de repente siento gran afinidad y de repente pareciera que todo se empieza a ir por la basura. No puedo dibujarles ya un rostro, ni siquiera recordar un nombre. Sólo percibo la sensación de haber querido intentar más, de una mayor oportunidad.

Entonces me surgen tantas preguntas ¿erro por ser como soy? ¿erro por querer conservar a esa persona? ¿en qué momento debo dejar ir? ¿cómo saber que soltar es lo mejor? ¿por qué negarnos esa oportunidad? Y recuerdo también lo que me dijeron dos personas, ideas que se contraponen y dejaron eco en mí: la primera es que yo ponía una barrera que no permitía que la otra persona me conociera completamente.

La segunda es que las personas más valiosas son las que se quedan a mi lado porque me quieren por quien soy, por como soy, más allá del aspecto físico, de lo material y superficial.

Y la realidad es que aún me cuesta mucho trabajo reconocer y aceptar cuando una persona no quiere estar conmigo. Me duele porque más allá de las cosas malas, pienso en lo bueno que tengo y soy; y me duele que la otra persona no pueda ver lo bueno en mí....

Finalmente concluyo que todas mis partes, todas las emociones, los sentimientos y pensamientos -entre otras cosas-, estructuran mi ser.

Es duro el camino, aún así debo sentirme orgulloso por quien soy y mostrarme tal cual sin temor alguno. Puede que en el recorrido haya quien no me entienda, quien no coincida, quien aparte su camino del mío. Y también habrá quien coincida conmigo, quien se vea reflejado en mi, quien desee compartir conmigo una parte del trayecto -o el resto, quisiera yo-.